El anuncio de que Bad Bunny será la gran estrella del próximo halftime show del Super Bowl ha despertado una ola de emoción y orgullo en toda la comunidad latina. No es para menos: el artista puertorriqueño se ha convertido en un fenómeno global que trasciende el idioma, los géneros y las fronteras culturales. Su música resuena en todos los rincones del planeta y su presencia en el escenario más visto del año promete consolidar aún más la fuerza de la música latina en la industria global.
Sin embargo, antes de él, dos mujeres latinas abrieron el camino. En 2020, Shakira y Jennifer Lopez protagonizaron uno de los espectáculos más comentados de la historia del Super Bowl. Su presentación fue una explosión de ritmo, energía y orgullo cultural: un homenaje a las raíces latinas en su máxima expresión. Con caderas que hipnotizaban al mundo y coreografías impecables, ambas artistas demostraron que el poder latino podía dominar el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

Pero tras el brillo y la ovación, hubo tensiones y reflexiones que el público desconocía. En su documental Halftime, estrenado en 2022, JLo confesó su incomodidad con la decisión de la NFL de dividir el show entre dos artistas principales. En un momento del film, la cantante calificó la idea de compartir el escenario como “la peor idea del mundo”, lo que generó titulares y especulaciones sobre un supuesto conflicto con Shakira.
Ahora, tres años después, Lopez ha decidido contar la verdad y poner las cosas en contexto. En una entrevista en el Howard Stern Show, la intérprete de Let’s Get Loud aclaró que su descontento no tenía nada que ver con la artista colombiana, sino con el trasfondo cultural de la decisión.
“Para mí siempre fue un sueño hacerlo, como mis ídolos: Madonna, Diana Ross o Prince. Cuando me dijeron que lo haría con Shakira o con Gloria Estefan, mi reacción fue: ‘¿Tú crees que un único artista latino no puede hacerlo solo?’ Ese fue el problema”, explicó Lopez, dejando ver la carga simbólica de aquella situación.
Gloria Estefan, por su parte, confirmó en su momento que rechazó la invitación para participar en el show, lo que finalmente dejó el protagonismo en manos de Shakira y JLo. Pero para Jennifer, aquella decisión de la organización reflejaba una falta de reconocimiento hacia el talento y la capacidad de los artistas latinos.

“Shakira también merecía su momento. Y yo quería el mío. Ambas trabajamos muchísimo para llegar hasta ahí, y hubiera sido justo que cada una tuviera su propio espacio, su propio show. Era algo que soñé desde niña, y sentí que no se me dio completamente esa oportunidad”, expresó la cantante y actriz con total honestidad.
A pesar de esa sensación, Jennifer Lopez reconoce que la experiencia fue única y profundamente significativa. El espectáculo de 2020 fue una declaración de identidad, orgullo y poder femenino, con momentos que quedaron grabados en la cultura pop: desde la bandera de Puerto Rico ondeando en el escenario hasta Shakira tocando la batería y el tongue moment que se volvió viral en segundos.
“Fue un momento histórico para nosotras, y también para todas las mujeres y comunidades que representamos”, dijo JLo. “Aunque sentí frustración en su momento, entiendo ahora que fue una oportunidad para abrir puertas, para demostrar que los artistas latinos no solo podemos compartir el escenario, sino dominarlo.”

El show de Shakira y Jennifer Lopez no solo fue un despliegue musical, sino también una declaración política y cultural, celebrada por millones y analizada por críticos en todo el mundo. Representó la diversidad, la energía y la fuerza de una comunidad que ha tenido que luchar por ser vista y valorada en los grandes escenarios estadounidenses.
Hoy, con Bad Bunny preparado para tomar ese mismo escenario, las palabras de Lopez resuenan más que nunca. Lo que comenzó como una inconformidad se ha convertido en una reflexión sobre la evolución del poder latino en la industria del entretenimiento. Y, quizás, en un recordatorio de que cada paso —aunque imperfecto— acerca más a esa visibilidad y respeto que tantos artistas soñaron.
En definitiva, el legado de aquel halftime show de 2020 trasciende las luces y los aplausos: fue el inicio de una conversación necesaria sobre representación, orgullo y autonomía artística. Una conversación que, tres años después, sigue marcando el pulso de la cultura pop mundial.






