El diseñador francés convierte a una leyenda del estilo en el eje creativo de su colección otoño/invierno 2026
Simon Porte Jacquemus ha demostrado que su mayor fortaleza no reside únicamente en las siluetas que propone, sino en la capacidad de construir relatos emocionales alrededor de ellas. Su marca no se limita a vestir cuerpos: viste memorias, influencias y obsesiones personales que, colección tras colección, se convierten en potentes declaraciones estéticas. Esta vez, el diseñador francés presentó Le Palmier, su propuesta para otoño/invierno 2026, una colección profundamente cargada de simbolismo que encuentra su corazón creativo en una figura icónica: Paloma Picasso.
No se trata de una referencia superficial ni de un guiño pasajero. Paloma Picasso representa un punto de conexión íntimo entre el arte, la moda y los orígenes del propio Jacquemus. En 2017, cuando aún se encontraba en pleno ascenso, Simon Porte presentó su primera pasarela en el Museo Picasso de París. Hoy, casi una década después, regresa al mismo recinto para cerrar un círculo creativo que habla de evolución, memoria y respeto por las mujeres que han marcado su mirada estética.

Un año clave para Jacquemus
El 2026 parece marcar un antes y un después en la historia de la casa Jacquemus. Hace apenas unos días, el diseñador sorprendió al anunciar a su nueva —y hasta ahora única— embajadora: su abuela Liline Jacquemus. Una figura femenina fundamental en su vida, a quien atribuye haber moldeado la forma en que entiende la feminidad, la elegancia y la fuerza silenciosa de las mujeres reales.
Esta elección no fue casual. La colección Le Palmier dialoga directamente con esa visión: mujeres con carácter, historia y presencia, alejadas de la fragilidad estereotipada y mucho más cercanas a una feminidad poderosa, libre y profundamente estética.
Paloma Picasso como eje narrativo
Dentro de ese universo femenino, Paloma Picasso emerge como una musa natural. Hija del legendario Pablo Picasso y de la artista Françoise Gilot, Paloma creció rodeada de creatividad entre París y Nueva York, forjando un estilo propio que la convirtió en un ícono durante los años setenta y ochenta. Su estética —contundente, audaz, marcada por joyas escultóricas y una elegancia desafiante— sigue siendo una referencia viva dentro de la industria de la moda.
Jacquemus rindió homenaje a esta figura cerrando el desfile con una imagen cargada de simbolismo: una modelo vestida con una silueta asimétrica, sosteniendo una copa de vino frente a su pecho derecho. El gesto no pasó desapercibido. Se trató de una referencia directa a la icónica fotografía de Paloma Picasso capturada por Helmut Newton, una imagen que encapsula sensualidad, poder y sofisticación sin concesiones.
La inspiración quedó confirmada cuando el propio diseñador compartió la imagen original de Paloma en sus redes sociales, sellando así el vínculo entre musa y creador. Más que una cita visual, fue una declaración de admiración y continuidad estética.

Le Palmier: forma, peinado y concepto
El título de la colección no es fortuito. Le Palmier hace referencia al famoso peinado “palmera”, una coleta alta que dominó la escena estética de los años ochenta y que crea un efecto visual similar al de la planta que le da nombre. Este hairstyle fue uno de los protagonistas absolutos de la pasarela, llevado por la mayoría de las modelos como un símbolo de verticalidad, fuerza y teatralidad.
Antes del desfile, Jacquemus ya había anticipado este elemento a través de una serie de cortometrajes en los que distintos personajes portaban versiones personalizadas del peinado, adaptadas a sus identidades. En la pasarela, el concepto se expandió: no solo estuvo presente en el cabello, sino también en la construcción de los looks, algunos de los cuales evocaban la silueta de una palmera mediante sombreros amplios, estructuras voluminosas y gestos esculturales.
Una colección que mira al pasado para hablar del presente
Con Le Palmier, Jacquemus no propone una nostalgia literal, sino una reinterpretación sofisticada del legado visual de los años ochenta, filtrado por una sensibilidad contemporánea. La colección dialoga con el arte, la herencia cultural y la feminidad desde un lugar honesto, celebrando a las mujeres que han marcado historia sin pedir permiso.
Al tomar a Paloma Picasso como musa, el diseñador no solo rinde homenaje a una figura clave del estilo, sino que reafirma su interés por construir una moda con profundidad narrativa. Una moda que no grita, pero deja huella. Una moda que, como el arte, trasciende el tiempo.
























