Tiene la delantera del Barça el hambre atrasada de dos jóvenes que saben lo que es aprender a jugar al fútbol en canchas de cemento y asfalto: Lamine Yamal y Raphinha. No es que el barrio de Rocafonda, en Mataró, sea idéntico al de Restinga (Porto Alegre, Río Grande do Sul), en el que se crió Raphael Dias Belloli, pero ambos tienen en común la pobreza y la escasez de oportunidades. Y también, quizás, el balompié como válvula de escape, como entretenimiento sano y barato, y como carretera secundaria soñada para escapar de un destino de marginación y miseria.
No se reparten muchos billetes para salir de una favela. Pero Raphinha, gracias a su talento, determinación y sacrificio, adquirió uno in extremis que le llevó, con el tiempo, a convertirse en uno de los mejores delanteros del mundo.

Su travesía profesional comenzó a los 19 años, cuando salió de Restinga con rumbo al Avaí brasileño, abandonando una vida de inseguridad y privaciones. De niño, según él mismo ha explicado, se vio obligado a mendigar por comida, mientras veía a muchos de sus amigos caer en las redes del narcotráfico y el crimen. Algunos, dice, murieron antes de verle triunfar en el mundo del fútbol. En 2016 fichó por el Vitória de Guimarães portugués. De ahí pasó a la Ligue 1 con el Rennes y a la Premier League con el Leeds United. En 2022 fue transferido al FC Barcelona por más de 50 millones de euros.
En la Ciudad Condal, el brasileño tenía la misión de cubrir la posición de un Ousmane Dembélé que no había acabado de cuajar de azulgrana, aunque tiempo después triunfaría en el PSG, Balón de Oro incluido. Pero, como el francés, Raphinha sufrió en sus primeros años para adaptarse al club y a La Liga. De hecho, el suyo parecía un caso calcado al de Dembélé: otro fichaje multimillonario fallido, otro delantero que aportaba más nombre que rendimiento.
Las críticas y los rumores de traspaso no se hicieron esperar. Según él mismo ha contado, llegaba a casa y se ponía a llorar. ¿Cómo era posible que no le saliera nada en el club de sus sueños? Ya tenía medio pie fuera del Barcelona y el otro en la liga de Arabia Saudí cuando Xavi, sorprendentemente, fue cesado de manera fulminante por Joan Laporta.
Si la carrera de Raphinha había sido una historia de superación hasta ese momento, lo que había de venir después probaría aún más su resiliencia y coraje. Dicho de otro modo: no se debe subestimar a un hombre que se ha sobrepuesto a tantas cosas en la vida para llegar a lo más alto.
En la temporada 2023/24, coincidiendo con la llegada de Hansi Flick al banquillo del FC Barcelona, Raphinha estalló en el firmamento como un castillo de fuegos artificiales. Con 18 goles y 11 asistencias en la competición nacional y 13 en Champions, su aportación fue decisiva para que su equipo llegara hasta las semifinales europeas por primera vez en seis años, y para que se hiciera con La Liga y la Copa del Rey. Raphinha, además, empezó a sonar en las quinielas para el Balón de Oro, finalmente quedó quinto en la votación, por detrás de Ousmane Dembélé, Lamine Yamal, Vitinha y Mohamed Salah.
A sus 28 años, la temporada 2024/25 ha empezado para Raphinha como terminó la anterior: como un jugador consagrado en el once titular que forma un dúo letal con la joya de la cantera azulgrana, Lamine Yamal. Es uno de los capitanes del equipo, está perfectamente integrado en la vida en España y se permite, por qué no, soñar a lo grande.
¿Cuál es tu principal objetivo esta temporada con el FC Barcelona?
Mi principal objetivo esta temporada con el Barcelona es seguir ayudando al equipo a ganar y alcanzar todos nuestros objetivos colectivos. Quiero contribuir con goles y asistencias, pero sobre todo con consistencia y compromiso en cada partido. También busco evolucionar individualmente, mejorar mi juego, aprender de cada entrenador, de cada compañero y de cada situación en el campo. Para mí, el éxito esta temporada significa equilibrar el rendimiento personal con el crecimiento del grupo, asegurando que el Barcelona siga siendo competitivo en todas las competiciones. Al final, todo lo que hago está orientado a mantener al equipo en el más alto nivel, honrar la camiseta que visto y seguir construyendo un legado positivo aquí, tanto para el club como para mí como jugador y como uno de los capitanes.
En 2026 habrá un Mundial. ¿Cómo cambia eso tu enfoque para la temporada?
Un Mundial cambia completamente la forma en que afrontas una temporada. Cada partido, cada entrenamiento, cada decisión adquiere mayor importancia, porque sabes que te estás preparando para un torneo que solo ocurre cada cuatro años y que representa el mayor sueño para cualquier jugador. Mi enfoque ahora es mantener la consistencia y el crecimiento con el Barcelona, porque mi rendimiento en el club se reflejará directamente en mi lugar en la selección. También procuro mantener tanto el cuerpo como la mente en la mejor condición posible, equilibrando intensidad y recuperación. Al mismo tiempo, intento no dejarme llevar por la ansiedad de mirar demasiado hacia adelante. Se trata de crecer partido a partido, disfrutar el presente y asegurarme de que, cuando llegue el Mundial, esté listo para darlo todo por Brasil.
¿Ganar un Mundial con Brasil sería el logro máximo de tu carrera? ¿Era tu sueño cuando eras niño?
Sí, sin duda. Ganar el Mundial con Brasil sería el mayor sueño de mi carrera. Desde niño, jugando descalzo en las calles de Restinga, soñaba con ese momento: representar a mi país en el escenario más grande y luchar por el título más importante que existe. Es una motivación diaria: cada entrenamiento, cada partido, cada decisión que tomo en el campo mantiene vivo ese sueño. Representar a Brasil es un privilegio enorme, y llevar alegría a millones de personas no tiene precio. Sería la realización de un sueño de infancia, una recompensa por todos los sacrificios, las luchas y los desafíos que superé en mi camino. Ser campeón del mundo con Brasil sería el mayor logro de mi carrera y algo que llevaría con orgullo por el resto de mi vida.
En Brasil, el fútbol es como una religión. ¿Cómo lidias con la presión de jugar en una selección a la que solo le sirve ganar?
Jugar para Brasil es un gran honor, pero también implica una gran presión. El fútbol en Brasil realmente es como una religión, y las expectativas siempre son altísimas. Cada partido es seguido de cerca, y los aficionados esperan que ganemos sin importar contra quién juguemos. Para lidiar con eso, aprendí a concentrarme en lo que puedo controlar: mi preparación, mi rendimiento, mi compromiso con el equipo. Intento usar la presión como motivación, recordando que represento a todo un país, lo cual es un privilegio, no una carga. Lo que también ayuda es tener perspectiva. Tener a mi familia cerca, el apoyo de mis compañeros y trabajar constantemente el aspecto mental me permite jugar con confianza, sin dejar que la ansiedad o el peso de las expectativas me quiten la alegría del momento. Al final, esa presión es energía, y la uso para dar lo mejor de mí.
¿Qué te interesa de la moda?
Siempre me ha interesado la moda, porque es otra forma de expresarme. En el campo me expreso con el balón, pero fuera de él puedo hacerlo a través de la ropa que uso, los colores, las combinaciones. No sigo las reglas estrictamente, pero me gusta experimentar, vestir cosas que representen cómo me siento en ese momento. Para mí, la moda es libertad y también se conecta mucho con la música, la cultura y todo lo que me inspira en la vida.
¿Qué parte de tu historia crees que la gente aún no conoce?
Creo que mucha gente conoce mi camino desde Restinga hasta el Barcelona, pero quizás no conocen las batallas personales en el camino: los momentos de duda, las lágrimas, los días en los que pensé que no lo lograría. A menudo la gente ve la imagen final, los trofeos, los estadios, pero no los sacrificios que mi familia y yo hicimos, las noches difíciles, la presión cuando se cerraban puertas. Para mí, esos momentos son tan importantes como las victorias, porque me moldearon en quien soy hoy.
¿Cuál es tu primer recuerdo con un balón?
Mi primer recuerdo con un balón es muy simple, pero muy marcado: era un niño en Restinga, jugando descalzo en la calle, en un campo de tierra. A veces usábamos sandalias como porterías, otras veces improvisábamos con piedras o botellas. No había nada estructurado, pero había mucha alegría y pasión. Recuerdo el sonido del balón al golpear el suelo, las risas de mis amigos, la sensación de libertad cuando regateaba a alguien. El balón era más que un juguete; era compañía, un sueño, y una forma de soñar en grande. Fue allí, en esa calle, donde empecé a entender que el fútbol podía ser mi vida, mi oportunidad de cambiar la realidad, no solo la mía, sino la de todos los que me rodeaban. Ese recuerdo permanece conmigo hasta hoy. Cada vez que entro al campo, ese sentimiento de jugar con alegría y creatividad sigue ahí, incluso jugando en los estadios más grandes del mundo.
¿Qué significa para ti venir de donde vienes y haber llegado a la cima del fútbol mundial?
Lo significa todo. Venir de Restinga y llegar a la cima del fútbol mundial es la prueba de que los sueños pueden hacerse realidad, sin importar lo imposibles que parezcan. No es solo mi victoria, es la victoria de mi familia, de mis amigos, de todos los que me apoyaron cuando no había nada. Llevo mis orígenes con orgullo, porque me recuerdan cada día de dónde vengo y por qué no puedo dejar de luchar. Para mí, el éxito no se trata solo de llegar, sino de inspirar a otros a creer que ellos también pueden lograrlo.










