La Semana de la Alta Costura en Milán fue el escenario donde Jorge Luis Salinas, director creativo de la firma J. Salinas, presentó una de sus propuestas más personales. En un desfile cargado de simbolismo, el diseñador peruano no solo mostró su colección Primavera-Verano 2026, sino que convirtió la pasarela en un homenaje vivo a las manos artesanas detrás de cada prenda.
Con bordados inspirados en la danza de las tijeras y la participación de mujeres peruanas en la pasarela, reafirmó su objetivo de transformar la moda en un puente entre la tradición ancestral y la modernidad. Su debut en Milán evitó lo convencional: apostó por una narrativa visual y cultural que trascendió la estética.
La colección SS26 tuvo como eje la danza de las tijeras, una expresión andina reconocida por su fuerza, simbolismo y complejidad. Esa energía se tradujo en siluetas estructuradas, colores vibrantes y acabados bordados a mano que evocaban movimiento y ritualidad.

El momento más emotivo llegó cuando artesanas textiles peruanas caminaron junto a modelos internacionales. Para Salinas, no se trataba de una puesta en escena, sino de visibilizar a quienes sostienen, desde generaciones, el arte del tejido. “Perú tiene mucho que contar, y lo hará a través de la moda”, declaró, enfatizando que su trabajo busca posicionar el legado cultural andino en plataformas globales.
Detrás de este hito hay una historia construida con esfuerzo, constancia y convicción. Conocido como el “Orgullo de Gamarra”, Jorge Luis Salinas es hijo de una costurera y un vendedor de menús que se establecieron en el emporio textil limeño. Desde niño convivió con telas, hilos y máquinas en el pequeño taller familiar, lo que despertó su vocación.
Impulsado por sus padres, viajó a Estados Unidos para formarse en diseño de modas en el Philadelphia College of Textiles & Science. “Siempre agradeceré a mis padres por impulsarme en esta carrera que, en esos años, muchos no entendían. Nunca me negaron la oportunidad de cumplir mis metas”, recordó.
Ya graduado, regresó al Perú en 1995 y fundó Emporium. Con máquinas prestadas por su madre confeccionó sus primeras prendas, principalmente pantalones, que rápidamente destacaron en Gamarra y llegaron a tiendas por departamento. Ese primer impulso marcó el inicio de una proyección internacional.
Antes de esta colección inspirada en la danza de las tijeras, ya había sorprendido en Milán con Huaylarsh, su propuesta otoño-invierno 2024/2025. En esa ocasión, Natalie Vértiz lideró la pasarela, mientras figuras como Nina García, Karla Martínez de Salas y Anna Dello Russo lucieron sus diseños. Ese desfile marcó un antes y un después en su carrera, consolidando su capacidad para llevar la moda peruana a vitrinas de prestigio.
Su estilo, que combina técnicas tradicionales con una estética contemporánea, ha captado la atención de críticos y expertos internacionales. Con cada colección, reafirma su apuesta por demostrar que la herencia cultural puede convivir con las tendencias de la alta costura sin perder autenticidad.

El diseñador ha relatado que su camino no estuvo libre de prejuicios ni críticas. En más de una ocasión enfrentó comentarios desalentadores y episodios de discriminación. “Cuando alguien te diga que no puedes, no escuches. A mí esos comentarios me entraban por un oído y me salían por el otro”, dijo alguna vez.
Hoy lidera una marca consolidada, con ocho tiendas propias, presencia en grandes almacenes y participaciones en pasarelas de Alemania, Nueva York y Miami. Ha sido reconocido como embajador de la marca Perú y premiado en concursos de moda en Colonia y Nueva York.
Más allá del reconocimiento, busca inspirar a nuevas generaciones. En charlas y conferencias —como las que dicta en la Galería de los Jeans de Gamarra— comparte su historia y anima a los jóvenes a creer en su talento y superar barreras. Su mensaje es claro: la moda peruana puede competir en los escenarios más exigentes sin renunciar a su identidad.
Su presentación en Milán fue más que una colección: fue un acto de reivindicación, un tributo a las artesanas que sostienen la tradición textil y un recordatorio de que cada puntada cuenta una historia.










