Un hallazgo sin precedentes está revolucionando a la comunidad científica marina: una ballena franca del Atlántico Norte, catalogada en peligro crítico de extinción, fue identificada en la costa de Massachusetts luego de haber sido vista por primera vez en Irlanda en julio de 2024. Su travesía de más de 3.000 millas marca el primer registro oficial de un desplazamiento transatlántico de este tipo en la especie, cuya población mundial no supera los 400 ejemplares.
El avistamiento fue reportado este miércoles por el Centro de Estudios Costeros (CCS), que confirmó que el mamífero detectado durante un vuelo de reconocimiento el 19 de noviembre coincide con el individuo fotografiado el año pasado en la bahía de Donegal, en Irlanda. La coincidencia fue establecida tras la comparación de imágenes por parte del Acuario de Nueva Inglaterra, entidad que gestiona el Catálogo de Ballenas Francas del Atlántico Norte.

Un encuentro inesperado en el aire
Los observadores del CCS, Ryan Schosberg y Annie Bartlett, se encontraban realizando un vuelo de monitoreo a más de cuatro horas al este de Boston cuando se desviaron de su ruta para registrar un grupo de ballenas jorobadas. Fue entonces cuando divisaron a una ballena franca solitaria alimentándose en superficie, convirtiéndose en el primer avistamiento de la temporada 2025-2026.
“El primer avistamiento del año siempre es emocionante, pero aún no nos dimos cuenta de lo extraordinario que resultaría este”, señaló Schosberg.
De inmediato, el equipo notó que la ballena no coincidía con ninguno de los ejemplares registrados previamente. Dada la rareza del caso —el CCS documenta anualmente cerca de la mitad de la población conocida en la bahía de Cape Cod— se enviaron las imágenes al Acuario de Nueva Inglaterra, donde se inició una revisión minuciosa entre millones de fotografías archivadas durante más de 40 años.
Finalmente, se confirmó que se trataba del mismo animal visto en Irlanda, gracias a sus marcas características y patrones de callosidades.
Un viaje que abre nuevas preguntas
Hasta ahora, se habían documentado seis ballenas francas norteamericanas que posteriormente aparecieron en aguas europeas, pero esta es la primera vez que un ejemplar detectado en Europa reaparece en América del Norte. Este movimiento transatlántico evidencia la capacidad de la especie para desplazarse grandes distancias en busca de mejores condiciones de alimentación y hábitat.
El Dr. Daniel Palacios, director del Programa de Ecología de la Ballena Franca del CCS, calificó el hallazgo como “extraordinario” y destacó su relevancia para los esfuerzos de conservación:
“Ver reaparecer una ballena fotografiada en Irlanda frente a Boston es sorprendente. Encuentros como este resaltan tanto su resiliencia como la importancia de la cooperación internacional para apoyar su recuperación”.

Una especie al borde del colapso
Según la NOAA, solo quedan alrededor de 370 ballenas francas del Atlántico Norte, una cifra alarmante que las mantiene en la categoría de peligro crítico. La especie enfrenta amenazas constantes, como colisiones con embarcaciones, enredos en redes de pesca y el impacto del cambio climático en sus zonas de alimentación.
El monitoreo aéreo realizado por el CCS es una de las herramientas más importantes para su protección. Este programa opera desde diciembre hasta mediados de mayo y, en los últimos años, ha ampliado sus vuelos a la temporada de otoño para registrar la llegada temprana de individuos.
El viaje de esta ballena, ahora documentado de forma oficial, ofrece información clave para comprender mejor los patrones migratorios de la especie y fortalecer los esfuerzos binacionales de conservación entre América del Norte y Europa.










