La campaña de American Eagle tiene como protagonista a la actriz Sydney Sweeney, quien aparece mostrando toda su sensualidad. El video inicia con una escena en la que ella pide al camarógrafo —símbolo de la mirada masculina— que enfoque sus ojos en lugar de su pecho. A partir de ahí, despliega un juego de seducción que gira en torno a un recurso lingüístico en inglés: la frase “good genes” (buenos genes) suena exactamente igual que “good jeans” (buenos vaqueros).
Sin embargo, sectores progresistas más críticos han cuestionado la campaña, señalando que el concepto podría interpretarse como una alusión supremacista, al insinuar que los “buenos genes” hacen referencia a los genes blancos.
Las críticas más duras apuntan a que la campaña estaría reproduciendo una estética cercana al imaginario nazi, tomando como referencia la piel clara y el cabello rubio de Sydney Sweeney. El anuncio remite a uno de Calvin Klein en los años 80, protagonizado por una joven Brooke Shields, quien —aunque morena— también utilizó el doble sentido entre “jeans” y “genes”. Aquella publicidad incluso cerraba con la polémica frase sobre la “supervivencia de los más aptos”, interpretada por muchos como un guiño al darwinismo social.
El debate se enmarca en la reciente era woke, durante la cual varias marcas buscaron romper con los modelos de belleza tradicionales, incorporando rostros diversos, cuerpos no normativos o modelos con discapacidades. Si bien estas iniciativas recibieron aplausos de ciertos sectores progresistas, no siempre alcanzaron el éxito comercial esperado. Además, este enfoque cuestionaba la centralidad de la belleza blanca, considerada históricamente un símbolo de dominación cultural.
En contraste, el triunfo mediático del anuncio de Sweeney ha reavivado la discusión, al punto de que resurgieron frases como “Black don’t crack” (“lo negro no se agrieta”), utilizada para destacar que, si hay genes superiores, serían los afrodescendientes, ya que su piel rica en melanina es más resistente al envejecimiento. Casos como los de Beyoncé (44) o la modelo Imán (70) se citan como prueba de ello.






