Nacido en Piacenza el 11 de julio de 1934, Giorgio Armani se trasladó a Milán a los 23 años para estudiar medicina en la Università Statale, con la intención de convertirse en cirujano. Sin embargo, su destino cambiaría por completo cuando comenzó a trabajar como escaparatista en los grandes almacenes La Rinascente. Su verdadero debut en el mundo de la moda llegaría en 1964, cuando Nino Cerruti lo convocó para colaborar con Hitman, una empresa italiana con sede en Corsico. Allí permaneció hasta 1970, desarrollando la visión que lo llevaría a revolucionar el armario masculino: el nacimiento de su icónico traje desestructurado.
“Cerruti me pidió que buscara nuevas soluciones para hacer un traje masculino más cómodo y menos rígido, más a medida y menos industrial”, relataba Armani en Per Amore, sus memorias fotográficas publicadas en 2015.

En 1974 presentó su primer desfile en la Sala Bianca del Palazzo Pitti como diseñador independiente. Al año siguiente fundó oficialmente Giorgio Armani Spa, dedicada inicialmente a la moda masculina. Solo un año más tarde amplió horizontes con su primera colección femenina. El imperio no dejó de crecer: en 1981 nació Emporio Armani y en 2005 debutó la línea de alta costura Armani Privé.
La contribución de Armani a la moda es tan vasta que resulta imposible reducirla a unas pocas prendas. No obstante, hay un símbolo universalmente asociado a su nombre: la chaqueta deconstruida, creada en los años ochenta como respuesta a la rigidez de la tradición sartorial inglesa. Sin contrafuertes ni hombreras, de aspecto fluido y natural, aquella pieza se convirtió en el prototipo de la moda masculina moderna, un estándar aún vigente.

“Todo mi trabajo comenzó en torno a la chaqueta, que fue el punto de partida de lo que hice después. Haber eliminado toda rigidez de esta prenda, descubriendo en su lugar una naturalidad inesperada, fue, digamos, un punto fuerte. Quité el relleno de los forros, cambié la disposición de los botones y también modifiqué las proporciones de vez en cuando”, recordaba el diseñador en 2003.
Un momento clave de su trayectoria llegó en 1980, cuando en American Gigolo Richard Gere colocaba sobre la cama cuatro chaquetas Armani. Aquella escena hizo que su estilo cruzara el Atlántico. “Fue mucho más eficaz que una campaña publicitaria”, confesó Armani en Per Amore.
Dos años después, el 5 de abril de 1982, la revista Time le dedicó su portada, ensalzando su estilo y su manera de “remodelar y reestructurar la forma de vestir”. El artículo respondía a una provocadora frase de Pierre Bergé —“Dígame una prenda, una declaración de moda que Armani haya hecho y que haya influido realmente en el mundo”—, enumerando los logros del diseñador. “No solo quienes visten las creaciones de Armani, sino también quienes llevan prendas influenciadas por él, e incluso aquellos cuyas ideas sobre la ropa están moldeadas —a veces sin saberlo— por la actitud de Armani”, escribía Jay Cocks.
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Con su legado, Giorgio Armani no solo transformó la forma en que los hombres se visten, sino también la manera en que el mundo entiende la elegancia.








