El US Open y su desfile secreto: relojes de lujo en la cancha y en las gradas

Los Oscar y la Gala Met marcan la pauta de la moda más exquisita, pero hay otro tipo de evento donde el lujo se luce en la muñeca y se aprecia a plena vista: los torneos deportivos. El US Open, con su energía vibrante y ese aire inconfundiblemente neoyorquino, se ha convertido en uno de los mayores escaparates para los coleccionistas y amantes de la relojería. No hablamos de apariciones discretas: hablamos de un despliegue calculado, donde cada saque y cada celebración en la grada se convierte en la excusa perfecta para mostrar un ícono de la alta relojería.

Mientras que en los eventos de etiqueta suelen predominar piezas clásicas, sobrias y elegantes, en el US Open los relojes parecen soltarse el nudo de la corbata. Aquí conviven joyas de Cartier con Rolex Daytonas de platino, rarezas de casas independientes como Vanguart y apuestas de Louis Vuitton, que en pocos años ha pasado de ser vista como “marca de moda” a consolidarse como un jugador serio en la industria. El resultado es una pasarela informal, pero poderosísima, donde los relojes hablan tanto como la ropa.

Steve Carell con un Rolex Daytona ref. 116506

Steve Carell, eterno Michael Scott en The Office pero también actor con un estilo personal muy cuidado, apareció con un Rolex Daytona ref. 116506 en platino. Y no cualquier Daytona: esta referencia, lanzada en 2013 para conmemorar el 50 aniversario del modelo, es uno de los santos griales modernos de la relojería.

Su caja de platino de 40 mm, el brazalete Oyster del mismo metal, el bisel marrón Cerachrom y, sobre todo, la esfera azul hielo con índices de diamantes le otorgan un aura especial. No es un Rolex “común”, sino una declaración: discreto a primera vista, pero inconfundiblemente exclusivo. Carell, sin estridencias, demuestra que sabe jugar en la liga alta de los coleccionistas.

Jeremy Allen White en el US Open con Louis Vuitton.

Louis Vuitton lleva años buscando ser reconocida en el mundo de la relojería, y en 2023 dio un golpe sobre la mesa rediseñando su reloj insignia: el Tambour. Más delgado, refinado y con un perfil mucho más versátil, el nuevo diseño transformó un reloj de nicho en una pieza codiciada por entendidos.

El encargado de llevarlo al US Open fue Jeremy Allen White, protagonista de The Bear y próximo Bruce Springsteen en el biopic Deliver Me From Nowhere. Sentado en las gradas, su Tambour no solo hablaba de moda, sino también de un nuevo capítulo en el posicionamiento de la maison dentro de la alta relojería. Si hace unos años parecía improbable que Vuitton compitiera en esta liga, hoy es imposible ignorarlo.

Andrey Rublev luciendo un Vanguart Orb.

En la cancha, el ruso Andrey Rublev fue más allá de las grandes casas tradicionales y lució un Vanguart Orb, una pieza que representa la nueva ola de marcas independientes. Con diseño futurista y un espíritu técnico casi experimental, el reloj acompaña perfectamente la energía joven y disruptiva del tenista. En un torneo donde abundan Rolex y TAG Heuer, Rublev demuestra que no todos siguen el mismo guion: algunos prefieren escribir el suyo propio.

Lo que antes parecía anecdótico se ha convertido en tradición: los relojes del US Open son casi tan comentados como los propios partidos. Y no es casualidad. A diferencia de otros escenarios, aquí jugadores y celebridades se permiten la extravagancia: Daytonas con diamantes, Cartier Tank impecables, TAG Heuer deportivos e independientes que marcan tendencia.

En definitiva, el US Open es hoy un escaparate de savoir-faire suizo (y más allá), donde cada pieza cuenta una historia: la de la evolución de su portador, la de la marca que la fabrica y la de un deporte que, además de pasión y disciplina, se ha convertido en terreno fértil para el lujo más sofisticado.

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La supermodelo paraliza la Fashion Week con un cambio de look radical que evoca el misterio de las musas de los 90. Descubre el secreto detrás de su transformación camaleónica en la Ciudad de la Luz.

París no solo es la capital de la moda, es el escenario donde Bella Hadid reina con puño de hierro y una elegancia que roza lo sobrenatural. En plena Semana de la Moda 2026, cuando creíamos haberlo visto todo, la menor de las Hadid ha decidido dar un golpe sobre la mesa estilístico, transformando las aceras parisinas en su propio set cinematográfico. ¿El protagonista de este nuevo episodio? Un bob cut con flequillo que no solo enmarca su rostro de porcelana, sino que grita «nostalgia noventera» en cada movimiento.

 

El regreso de la musa noventera: Un bob que es puro ‘statement’

Con una vibra effortless y profundamente europea, Bella apareció ante los paparazzi luciendo una melena que rozaba la mandíbula en un tono ligeramente rubio, complementada con un fleco recto que aportaba una dosis extra de misterio. Este look, que evoca a las grandes divas del parisian chic de los años 90, fue el accesorio perfecto para su estilismo urbano: un cárdigan entallado con cuello de pelo, jeans de corte recto y unos stilettos que mantenían el equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo.

Sin embargo, en el universo de una supermodelo, nada es lo que parece. Mientras las redes sociales ardían debatiendo si Bella se había despedido de su icónica melena larga, la verdad salió a la luz: se trataba de una peluca estratégicamente seleccionada. Una herramienta de poder que Hadid utiliza no como un disfraz, sino como una extensión de su identidad camaleónica, permitiéndole explorar versiones distintas de sí misma sin comprometer su esencia.

De la calle a la pasarela: El poder del cambio

La magia de Bella Hadid radica en su capacidad para construir personajes en tiempo récord. Horas después de haber sido vista con su bob de inspiración retro, la modelo se transformó por completo para desfilar con Saint Laurent. Bajo las luces de la pasarela, el aire relajado de la calle desapareció para dar paso a un moño pulido con efecto húmedo (wet look), perfectamente estructurado y tirante.

Esta elección no fue casualidad. El peinado exigido por la maison francesa buscaba proyectar el savoir-faire de la marca: líneas limpias, acabado glossy y una actitud infalible que dejaba todo el protagonismo a la arquitectura ósea de su rostro y a un maquillaje dramático. Es aquí donde reside el genio de Bella: pasar del misterio de una musa de café parisino al poder absoluto de una mujer Saint Laurent en cuestión de minutos.

El cabello como el accesorio supremo del 2026

El uso de pelucas de alta gama se ha consolidado este año como la tendencia definitiva entre la élite de la moda. Para Bella Hadid, el cabello es el accesorio más poderoso de su arsenal. Al jugar con longitudes y texturas, demuestra que la moda en 2026 se trata de perseverancia y experimentación. No se trata solo de seguir una tendencia, sino de crear un diálogo entre lo que se viste y cómo se proyecta hacia el mundo.

Bella Hadid ha vuelto a confirmar que, en París, ella es quien dicta las reglas. Ya sea con un bob corto que suaviza sus facciones o con un recogido rígido que proyecta autoridad, la supermodelo sigue siendo la referencia absoluta para quienes buscan entender hacia dónde se dirige el estilo global.

La modelo cautiva en la Fashion Week 2026 con un traje negro que desafía las reglas, dejando al descubierto sus tatuajes y redefiniendo la elegancia moderna.

La Ciudad de la Luz ha sido testigo de una transformación épica. En una semana donde la alta costura y la sastrería dominan las pasarelas, Paris Jackson ha llegado para reclamar su lugar como el nuevo icono de la rebeldía sofisticada. Durante el esperado desfile de Tom Ford, ahora bajo la dirección creativa de Haider Ackermann, la modelo dictó una cátedra sobre cómo romper los códigos convencionales del traje de poder.

Sastrería con alma de rock

Paris decidió que este 2026 es el año de la audacia. Su elección fue un traje negro de líneas arquitectónicas impecables: hombros esculpidos y pantalones de caída recta que estilizaban su figura. Sin embargo, el verdadero «efecto Jackson» estuvo en el styling.

En un movimiento maestro, Paris transformó lo que podría ser un look corporativo en una declaración de estilo al llevar su camisa blanca abierta estratégicamente desde el abdomen. Este detalle dejó al descubierto sus tatuajes, fusionando la sensualidad con la rigidez de la sastrería clásica. El resultado fue un equilibrio perfecto: el nuevo «power dressing» ya no busca encajar, sino redefinir la identidad.

Belleza «Wet» y labios de impacto

Para complementar una propuesta tan fuerte, Paris apostó por un beauty look de estética andrógina. Su peinado con efecto “wet” (húmedo) —pulido hacia atrás con un acabado brillante— aportó la sofisticación necesaria para una noche de gala.

En cuanto al maquillaje, la modelo optó por una piel luminosa, dejando que todo el protagonismo recayera en sus labios rojo intenso. Este toque inyectó la dosis justa de feminidad y poder, confirmando que el nuevo power suit se trata, sobre todo, de portarlo con actitud.

 

La era Ackermann en Tom Ford

El desfile fue el escenario ideal para esta aparición. Bajo la visión de Haider Ackermann, la casa Tom Ford ha iniciado una nueva etapa donde la sensualidad orgánica es la protagonista. La colección presentó abrigos de textura animal y faldas de lápiz que elevan el estilo de oficina a niveles de lujo extremo.

Ackermann ha demostrado ser el heredero legítimo del diseñador estadounidense, entendiendo que el lujo moderno necesita tanto de la estructura clásica como de la rebeldía que iconos como Paris Jackson proyectan en cada paso.

Jaime VandenBerg rompe el silencio y revela cómo desfiló en traje de baño ante millones de espectadores mientras ocultaba su dulce espera. «El mundo no lo sabía», asegura la reina que hizo historia en Tailandia.

El certamen de Miss Universe 2025, celebrado en las exóticas tierras de Tailandia, será recordado por mucho más que la coronación de la mexicana Fátima Bosch. En este 2026, una noticia ha sacudido los cimientos del concurso de belleza más importante del planeta: Jaime VandenBerg, la espectacular representante de Canadá, ha confesado que durante la gran final no estaba sola sobre el escenario. Mientras deslumbraba al jurado y lograba clasificar en el Top 30, la modelo llevaba cuatro meses de embarazo.

El secreto mejor guardado de Tailandia

A través de una revelación sin precedentes en sus redes sociales, la reina canadiense dejó boquiabiertos a sus seguidores al mostrar el contraste entre su figura estilizada en la pasarela y su actual tercer trimestre de gestación. “Lo que el mundo no sabía: tenía 16 semanas de embarazo cuando competí en traje de baño”, confesó Jaime.

La noticia ha causado un revuelo total, pues nadie pudo adivinar su estado durante los desfiles en bikini. Para la modelo, participar en esas condiciones no fue solo un reto físico, sino la realización de un sueño que alguna vez creyó inalcanzable. “Llevando la vida mientras vivía un sueño que creí imposible”, añadió emocionada, marcando un hito en la evolución de las reglas del certamen que ahora permiten la participación de mujeres en distintas etapas de su vida personal.

¿Renunciar al sueño? El dilema de una reina

Sin embargo, el camino hacia la final no fue sencillo. Al enterarse de su embarazo tras ganar el título nacional, Jaime se enfrentó a un torbellino de dudas. La presión social y el miedo a las críticas casi la llevan a entregar la corona antes de viajar a Asia. “Consideré seriamente renunciar. Me preguntaba si sería capaz, si estaría demasiado cansada o si enfrentaría reacciones negativas”, reveló con total honestidad.

Fue su red de apoyo y una conversación clave con su médico lo que cambió su perspectiva. Al recibir el certificado de salud necesario para competir, su doctor le dio una lección que hoy comparte con el mundo: “El embarazo no es una enfermedad”. Esa simple frase le devolvió la fuerza para representar a su país y demostrar que la maternidad no es el fin de la ambición, sino una nueva y poderosa etapa.

Un símbolo de resiliencia y empoderamiento

Jaime VandenBerg no solo llegó a Miss Universe para lucir un vestido de gala; su misión era mucho más profunda. Como sobreviviente de violencia de género, su plataforma siempre ha buscado inspirar a otras mujeres a superar la adversidad. Para ella, quedar entre las 30 mejores del universo estando encinta es el testimonio definitivo de la fortaleza femenina.

“Espero que esto demuestre que el embarazo no es una limitación. Puedes soñar a la vez”, reflexionó la modelo, quien ahora se prepara para recibir a su bebé junto a su pareja, el banquero Aaron Hernández. Con este anuncio, Jaime se despide de su reinado no solo como una reina de belleza, sino como la primera mujer en portar la banda de Miss Canadá mientras se preparaba para la misión más importante de su vida: ser madre.

En un 2026 donde los estereotipos se siguen rompiendo, la historia de Miss Canadá queda grabada como un recordatorio de que la valentía de alzar la voz y la perseverancia son las verdaderas coronas de una mujer.

 

 

 

 

 

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