El «Niño de Oro» del patinaje artístico se confiesa antes de Milano Cortina: su metamorfosis en Canadá, la batalla contra los prejuicios de los jueces y cómo la moda se volvió su armadura sobre la pista.
Hubo un tiempo en que el hielo en México era solo una ilusión o una pista pública de fin de semana. Pero en 2022, un joven carismático de sonrisa inquebrantable cambió las leyes de la física y la cultura deportiva de nuestro país. Donovan Carrillo no solo llegó a una final olímpica; le dio calor a una nación entera desde el frío de Beijing. Hoy, con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, el patinador más icónico de nuestra historia se sienta frente a frente con Vanessa Huppenkothen para hablar de su evolución, sus miedos y esa conexión mística que tiene con el pueblo mexicano.

La transformación de un guerrero: De San Jerónimo a Canadá
Ya no es el adolescente que soñaba con saltos imposibles en pistas reducidas. El Donovan que se prepara para Italia es un hombre maduro que ha encontrado en Canadá el ecosistema perfecto para su «caza de medallas». Entrenar en pistas de dimensiones olímpicas y con hielo de calidad mundial ha sido el catalizador de una transformación técnica radical.
«De Beijing a Milán se ve un cambio en mi desplazamiento, en la velocidad con la que llego a los saltos», confiesa Donovan. «He crecido en lo deportivo y en lo personal. Hoy sé a lo que voy y lo que voy a enfrentar».
¿Pesan las banderas? El dilema de la apreciación
Vanessa Huppenkothen, desde su perspectiva de experta y fan, no duda en tocar la fibra más sensible: ¿Afecta ser mexicano en las calificaciones de un deporte de apreciación? Donovan, con una elegancia que iguala su patinaje, reconoce que aunque el ego puede sufrir cuando el puntaje no refleja el esfuerzo, su enfoque está en lo único que puede controlar: su ejecución.
«Me encantaría que los jueces vieran siempre toda la luz que hay en mí», admite con honestidad. Pero lejos de victimizarse, usa esos «tiquecitos» de los jueces como combustible para salir de su zona de confort y demostrar que un mexicano puede tener la misma —o más— excelencia técnica que los líderes tradicionales de la disciplina.

Moda: La nueva pasión del hielo
El patinaje artístico es, en esencia, estética pura. Y Donovan ha comenzado a entender la moda no como una imposición, sino como una extensión de su identidad. Atrás quedaron los días de indiferencia hacia las tendencias; hoy, se involucra personalmente en el diseño de sus vestuarios junto a expertos, buscando que cada prenda cuente una historia y proyecte esa seguridad que lo caracteriza. La moda para Donovan es, ahora, su segunda piel competitiva.
Un país sobre sus cuchillas
Cuando Donovan entre a la pista en 2026, no lo hará solo. En su mente llevará el peso y el orgullo de millones de mexicanos que, una vez más, paralizarán sus vidas para verlo girar. Su mensaje es claro y llega directo al corazón:
«Es un recordatorio que no solo patino por mí, sino por todo un país. Espero ser la motivación para que cada quien luche por sus propios sueños… que vean que como mexicanos podemos ser parte de la historia».
Milán está a la vuelta de la esquina. Donovan Carrillo no solo está listo para patinar; está listo para demostrar que, cuando se tiene un sueño claro, no hay hielo que no se pueda derretir.










