Tras conquistar cuatro estadios, la ‘Nena de Argentina’ llegó a Perú para sumarse al aniversario de la icónica agrupación y revela cómo su álbum Quimera la ayudó a sanar uno de los años más difíciles de su vida.
María Becerra no solo atraviesa el punto más alto de su carrera, también vive una etapa de profunda transformación personal. La artista argentina aterrizó en Lima para ser parte de un momento histórico: la celebración por los 33 años de Corazón Serrano, una de las agrupaciones más queridas de la cumbia peruana.
El encuentro no fue casual. Meses atrás, la banda se acercó con la intención de colaborar, enviándole su música y referencias. Bastaron un par de canciones para que María quedara fascinada. La conexión fue inmediata. Lo que comenzó como una propuesta formal terminó convirtiéndose en una experiencia artística que la retó como pocas veces antes.

Un reto que la sacó de su zona de confort
Aunque la cumbia forma parte de la identidad musical argentina, enfrentarse a la cumbia peruana fue un desafío completamente distinto. María lo reconoce: entender los tiempos y la estructura rítmica no fue sencillo.
Los versos no caían donde ella esperaba. Cada frase parecía romper la lógica que tenía internalizada. Hubo confusión en los ensayos, preguntas constantes y momentos en los que tuvo que desaprender para volver a aprender. Pero justamente ahí estuvo la magia.
Cuando finalmente se subió al escenario para celebrar los 33 años de Corazón Serrano, el esfuerzo se transformó en euforia colectiva. El público la recibió con los brazos abiertos y ella respondió con entrega total.
De los estadios de River a la vulnerabilidad absoluta
Mientras celebraba uno de los hitos más grandes de su carrera —cuatro estadios repletos en River—, María atravesaba un proceso emocional completamente distinto por dentro. Su álbum Quimera nació en medio de un año complejo, marcado por el duelo, la tristeza y una profunda introspección.
En el estudio lloró. Mucho. Cada canción era una confesión cruda. La música dejó de ser solo entretenimiento para convertirse en terapia. En sus propias palabras, fue una herramienta para transitar el dolor y transformarlo en arte.
Quimera no es solo un disco exitoso; es un testimonio de resiliencia.

Los alter egos como refugio creativo
En medio de esa etapa oscura surgió Shanina, uno de sus alter egos. No fue una estrategia de marketing, sino una necesidad emocional. Las canciones que escribía eran demasiado íntimas, demasiado dolorosas. Crear un personaje le permitió decir lo que sentía sin sentirse completamente expuesta.
Así logró liberar emociones que, de otra forma, habrían quedado atrapadas.
“Mi amor”: el cierre que lo cambió todo
El tema que cierra el álbum simboliza un punto de inflexión. En el estudio ocurrió algo diferente: el dolor dejó de ser solo lágrimas para convertirse en diálogo, comprensión y acompañamiento. Fue el momento en el que el proceso empezó a sanar de verdad.
Una artista que no deja de expandirse
Además de la música, María explora nuevas disciplinas artísticas. La actuación y la pintura forman parte de esta etapa donde se anima a asumir retos que la sacan de su zona segura. Esa misma valentía fue la que la impulsó a aceptar cantar cumbia peruana en una fecha tan especial.
Su participación en el aniversario número 33 de Corazón Serrano no fue solo una colaboración más. Fue una declaración: está lista para cruzar fronteras, romper esquemas y reinventarse cuantas veces sea necesario.
Hoy, María Becerra demuestra que el éxito masivo y la vulnerabilidad pueden convivir. Que llenar estadios no impide sentir miedo. Y que, incluso en los momentos más oscuros, la música siempre encuentra la manera de encender la luz.










