Hereda el espíritu libre de Estefanía de Mónaco y convierte el traje de chaqueta con calzado cómodo en el nuevo uniforme chic del Principado.
Dicen de ella que es una de las Grimaldi más discretas, y no es una exageración. En un clan acostumbrado a titulares constantes, flashes incesantes y miradas curiosas, Pauline Ducruet ha sabido moverse con una naturalidad poco común. La hija de Estefanía de Mónaco y Daniel Ducruet ha crecido bajo el foco, sí, pero también ha aprendido —en gran parte gracias a su madre— a proteger su espacio personal y a vivir la realeza desde un lugar mucho más auténtico y libre.
A sus 31 años, Pauline ha construido un perfil propio lejos de los moldes tradicionales. Diseñadora de moda y al frente de su propia firma, reparte su tiempo entre Nueva York, París y Mónaco, navegando con soltura entre el universo creativo y los compromisos institucionales. Es habitual verla en citas clave como la Paris Fashion Week, donde suele ocupar el front row con estilismos atrevidos, modernos y cargados de personalidad, demostrando que entiende la moda como una forma de expresión y no como una jaula de expectativas.
Sin embargo, cuando el escenario es el Principado y la agenda exige cierta formalidad, Pauline no renuncia a su esencia. Todo lo contrario: ha encontrado la fórmula perfecta para unir elegancia, comodidad y una rebeldía sutil que recuerda inevitablemente a la de su madre en los años 80.

La comodidad como declaración de estilo
Este fin de semana volvió a confirmarlo durante su asistencia al Festival Internacional de Circo de Montecarlo, un evento profundamente ligado a la historia familiar. Pauline acudió junto a sus hermanos, Louis y Camille, para acompañar a Estefanía de Mónaco, presidenta de honor del festival y figura clave en su historia. No es un detalle menor: el circo ha sido siempre un territorio emocional para los Grimaldi, hasta el punto de que Estefanía llegó a vivir en una caravana con sus hijos durante su relación con el trapecista Franco Knie.
En ese contexto tan simbólico, Pauline apostó por un estilismo que hablaba sin necesidad de palabras. Nada de tacones imposibles, nada de calzado pensado solo para posar. Su elección fue clara: zapatos planos, cómodos y con carácter, capaces de convivir perfectamente con un traje de chaqueta oversize.
El domingo optó por unos mocasines marrones de aire retro y piel con efecto desgastado, combinados con un dos piezas de pantalón de pinzas y americana amplia. Bajo la chaqueta, una camisa azul de manga larga aportaba frescura y equilibrio al conjunto. Un look sobrio, elegante y absolutamente funcional, que demuestra que la sofisticación no necesita altura.
El sábado, en cambio, sorprendió con un traje negro de rayas verticales, al que sumó un body de pronunciado escote en U bajo la chaqueta. De nuevo, el calzado fue protagonista: botas tipo cincel, uno de los modelos más virales de la temporada, reconocibles por su puntera geométrica, ligeramente cuadrada y con un borde frontal definido. Un guiño contemporáneo que elevó el conjunto sin sacrificar comodidad.

El ADN Estefanía de Mónaco, versión 2026
Estos trajes de silueta holgada, con pantalones amplios y americanas de hombros marcados, parecen haberse convertido en uno de los uniformes favoritos de Pauline para los eventos en Mónaco. No es casualidad. Las referencias a la estética que Estefanía de Mónaco defendía en los años 80 son evidentes: looks andróginos, prendas oversize y una clara preferencia por la ropa práctica frente a los vestidos de gala.
Mientras muchas royals siguen apostando por tacones clásicos, bailarinas delicadas o kitten heels, Pauline elige otro camino. Su mensaje es claro: la elegancia no está reñida con la comodidad, y el verdadero estilo reside en sentirse fiel a una misma.
El toque final lo aportan siempre los detalles. En esta ocasión, las joyas introducían el color y el contraste: colgantes de cadena de oro superpuestos, entre los que destacaba una amatista redonda, y pendientes geométricos que reforzaban el aire contemporáneo del look.
Una royal que marca su propio ritmo
Pauline Ducruet no busca romper reglas de forma estridente, pero sí reescribirlas desde la coherencia. Su forma de vestir en los actos oficiales del Principado es un reflejo de su identidad: sobria, elegante, funcional y con una libertad heredada que atraviesa generaciones.
En un mundo donde la imagen royal suele estar asociada a códigos rígidos, Pauline demuestra que hay espacio para reinterpretarlos. Y lo hace sin ruido, sin excesos y sin tacones. Solo con estilo, historia familiar y una seguridad silenciosa que, precisamente por eso, resulta tan poderosa.










