Lo que comenzó como un desafío vecinal terminó en un logro histórico para una pequeña comunidad estadounidense. Frostburg, una ciudad ubicada en el estado de Maryland, acaba de romper el récord mundial al construir la bola de nieve más grande jamás registrada, una estructura monumental que alcanzó los 13.31 metros de altura y dejó atrás todos los registros previos conocidos.
Un reto invernal que unió a toda la comunidad
La iniciativa nació como un juego entre amigos durante una intensa nevada. Sin embargo, la idea comenzó a crecer —literal y simbólicamente— cuando más residentes se sumaron al desafío. En cuestión de horas, familias enteras se acercaron al lugar para colaborar en la construcción, transformando un simple entretenimiento invernal en un proyecto comunitario de gran escala.
Conforme la bola de nieve aumentaba de tamaño, la organización se volvió clave. Los niños participaron utilizando trineos para compactar las capas inferiores, mientras los adultos coordinaban con cuerdas, palas y placas de madera para darle estabilidad y forma. Cuando la estructura alcanzó dimensiones imposibles de manejar a mano, se incorporó maquinaria pesada para mover la nieve y perfeccionar la superficie final.

El récord que quedó atrás
La imponente bola de nieve de Frostburg superó con holgura el récord anterior de 10.04 metros, establecido por estudiantes de la Universidad Tecnológica ASME en Houghton, Michigan. La nueva marca no solo sobrepasa la anterior por más de tres metros, sino que también demuestra el nivel de coordinación y creatividad que la comunidad logró en tiempo récord.
Un hito que se volvió viral
Las imágenes del proceso, compartidas en redes sociales por los propios participantes, mostraron desde las primeras capas de nieve compactada hasta los momentos finales en los que la maquinaria trabajaba para dar forma a la cúspide de la gigantesca estructura. Los videos se volvieron virales en cuestión de horas, atrayendo la atención de medios nacionales e internacionales.
La hazaña ya es reconocida como la nueva bola de nieve más grande del mundo, un motivo de orgullo para los habitantes de Frostburg, que celebran haber convertido un reto amigable en un triunfo colectivo con sello mundial.










