La modelo, empresaria y figura clave en el mundo de la belleza, Hailey Bieber, brilló en la ceremonia de los WSJ Magazine Innovator Awards 2025 celebrada en el Museum of Modern Art de Nueva York. En la velada recibió el premio Beauty Innovator en reconocimiento a su rol al frente de la marca de cuidado de la piel Rhode, que fue adquirida por e.l.f. Beauty por mil millones de dólares en mayo de 2025.
Durante su discurso, Bieber tomó un enfoque poco convencional en estos eventos de alta gala: no solo agradeció el reconocimiento sino que dedicó unas palabras al ecosistema de fundadoras y creadores de la industria de la belleza. “Celebro a cada fundador que está en este camino junto a mí”, dijo, remarcando que la innovación no solo es crear productos nuevos, sino también ofrecer oportunidades, romper barreras y redefinir lo que puede significar tener influencia.

La estética de la velada también tuvo su momento: Bieber apareció vestida con un conjunto total de cuero negro de la colección Primavera/Verano 2026 de Saint Laurent (diseñador Anthony Vaccarello) — chaqueta tipo motociclista, bustier corset, falda lápiz de cuero y un detalle atrevido: tacones slingback de cuero blanco que rompían la paleta oscura. La estilista apuesta al poder del contraste, la textura y el diseño arriesgado, reafirmando que el estilo puede ser al mismo tiempo elegante y disruptivo.
Pero más allá del vestido, hubo un detalle que captó la atención de los presentes y de los medios: Bieber llevó consigo un Labubu — la figura de juguete coleccionable creada por el ilustrador Kasing Lung y comercializada por la empresa POP MART — que se ha convertido en un fenómeno viral en moda, street style y cultura pop.
Labubu no es simplemente un muñeco; es símbolo de una cultura que mezcla nostalgia, coleccionismo, moda y exclusividad. Su estética — orejas puntiagudas, sonrisa de dientes afilados y una expresión juguetona-feroz — ha capturado a diversas generaciones, desde adolescentes que cuelgan versiones en mochilas hasta celebridades que lo convierten en parte de su look.

Que Bieber lo incorporase como detalle demuestra cómo ella combina las dos caras de su perfil: por un lado, la ejecutiva que lidera una marca millonaria, y por otro, la creadora de tendencia que entiende que los símbolos importan. El pequeño giro del juguete añade personalidad, enfatiza que la moda puede ser divertida, y que incluso en eventos ultra formales hay espacio para el juego y el ‘easter egg’ cultural.
El reconocimiento de Hailey Bieber no es sólo un trofeo: representa una transición. Ya no se la ve únicamente como modelo o esposa de una superestrella, sino como una empresaria que genera valor (y visibilidad) por sí misma, que entiende la intersección entre marca, medios, cultura y comunidad. Su discurso hacia otros creadores sugiere un cambio de paradigma en la industria de la belleza, hacia alianzas más horizontales y colaborativas.
Y al mismo tiempo, la presencia del Labubu revela que esta generación —que ya no separa los mundos de lujo, pop-cultura y streetwear— entiende los accesorios como expresiones de identidad. En un evento de alto nivel, el juguete funciona como signo de pertenencia a una élite cultural que domina tanto las pasarelas como los salones de board room.

Queda preguntarse si este tipo de momentos serán el nuevo estándar: empresarias-celebridades que combinan resolución de negocios con códigos de estilo disruptivos, y que no tienen miedo de tomar riesgos estéticos. También queda ver cómo marcas como Rhode evolucionan bajo la nueva etapa con e.l.f. Beauty, y si Hailey continuará siendo la cara visible, creativa y estratégica de ese proceso.
Por otro lado, la conexión juguetona con Labubu ofrece una pista sobre hacia dónde camina la moda-celebridad: menos solemnidad tradicional, más guiños conscientes, más hibridación entre seriedad empresarial y cultura pop. Y todo eso en una noche donde los innovadores se celebran no solo por lo que crean, sino por lo que simbolizan.
En suma, Hailey Bieber en los Innovator Awards fue mucho más que una aparición glamorosa: fue una declaración de intenciones. Negocio + estética + cultura pop. Y en su bolso, un muñeco que lo decía con estilo.










