El exjugador nunca ha sido un hombre de elecciones obvias. Si en la cancha su instinto lo llevaba a romper esquemas y dejar a todos boquiabiertos, en el universo de la relojería mantiene la misma filosofía: ir a contracorriente. Aunque en su colección figuran inevitables clásicos como Rolex o Patek Philippe, lo cierto es que Jordan prefiere piezas que hablan de rareza, innovación y riesgo estético.
El ejemplo más reciente lo vimos durante sus vacaciones en Positano, uno de los enclaves más exclusivos de la costa amalfitana. Mientras almorzaba en el restaurante Le Tre Sorelle, Jordan lució nada menos que un Urwerk UR-112 Aggregat, un reloj que, más que accesorio, parece una obra de ingeniería futurista.
Presentado en 2021 en una edición limitada de solo 25 unidades, este modelo suizo desafía cualquier convención de la relojería clásica. Con apenas 25,5 gramos de peso gracias a su caja de titanio, la pieza prescinde de las agujas tradicionales para mostrar la hora de manera digital, mediante prismas triangulares que flotan dentro de cilindros transparentes. Los minutos avanzan en saltos de cinco, lo que convierte cada vistazo al reloj en una experiencia casi escultórica

Más allá de la extravagancia, lo interesante es lo que esta elección revela de Jordan como coleccionista. No busca simplemente el reloj más caro ni el más reconocido: busca piezas que cuenten una historia, que se salgan de la norma y que representen, de alguna manera, la mentalidad que lo convirtió en leyenda. Así como dominaba la cancha con jugadas imposibles de predecir, hoy domina la escena del lujo con una colección que sorprende incluso a los más entendidos.
El Urwerk UR-112 Aggregat no es un reloj para cualquiera; es un manifiesto de individualidad, un objeto que exige ser comprendido. Y quizá ahí radique el verdadero encanto de Michael Jordan como icono de estilo: incluso fuera del baloncesto, sigue jugando en una liga distinta.










