La llegada de Jacob Elordi al Festival de Venecia no fue simplemente una aparición más en la alfombra roja, sino uno de los momentos más esperados de esta edición del prestigioso certamen que, como cada año, se convierte en epicentro mundial del cine, la moda y la cultura. Desde hacía semanas, las redes sociales y los foros de estilo especulaban sobre qué llevaría puesto el protagonista de la nueva versión de Frankenstein de Guillermo del Toro, donde comparte cartel con nada menos que Oscar Isaac. Y, fiel a su estilo relajado pero calculadamente impecable, Elordi no decepcionó.

El australiano aterrizó en la ciudad de los canales con un look que confirma lo que ya muchos intuían: ha convertido la naturalidad en su mejor herramienta de sofisticación. Vestía con lo que se ha convertido en su uniforme personal lejos de las alfombras rojas y las entrevistas: una camiseta blanca, ligeramente recortada y minimalista; unos pantalones amplios de aire retro que equilibraban comodidad y guiño a la sastrería relajada; y la inseparable gorra de Paly Hollywood, la firma fundada por James Franco que, en los últimos años, se ha consolidado como accesorio fetiche dentro del armario del actor. Ese toque urbano y desenfadado le otorga una aura de chico cool que se mueve entre el estrellato hollywoodense y la autenticidad de quien viste para sí mismo, no solo para las cámaras.
A esta primera postal veneciana se suma otro de los elementos que nunca faltan en el estilo de Jacob: los accesorios de Bottega Veneta, marca de la que es orgulloso embajador. Esta vez lo vimos con el bolso Cabat, una de las piezas más icónicas de la maison, acompañado de un trolley de cabina Odessey Intrecciato, prueba irrefutable de que, incluso en tránsito, su lealtad hacia la firma italiana es absoluta. No es casualidad: desde hace tiempo, Bottega Veneta reina como la indiscutible campeona del “aeropuerto chic”, acompañando a las celebridades más influyentes con diseños que transforman el acto de viajar en una declaración de estilo.

El verdadero momento estelar llegó el día 30. No fue solo su aparición en la alfombra roja del Festival de Venecia 2025 —donde deslumbró con un esmoquin negro cruzado, pantalón amplio y camisa blanca, dejando incluso en segundo plano a su compañero de reparto, Oscar Isaac, pese a su llamativa camisa de lunares—, sino también el atuendo que eligió por la mañana para la presentación ante la prensa.
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Elordi optó entonces por un look completamente blanco, de inspiración nupcial, compuesto por una camisa sencilla y un pantalón de pinzas a juego, prenda que ya había señalado como su favorita durante el festival. Para completar, eligió unos zapatos negros de piel de becerro lisa con el clásico motivo Intrecciato artesanal, los mismos que, con gran acierto, volvió a lucir en la gala nocturna.

Lo que sí está claro es que la figura de Jacob Elordi ha trascendido ya el ámbito del actor prometedor para convertirse en ícono cultural y de estilo. Cada una de sus apariciones, por más casual que parezca, revela una narrativa cuidada: la de un intérprete joven que juega con la dualidad entre lo accesible y lo aspiracional, entre lo cotidiano y lo cinematográfico. Su manera de vestir, aparentemente sencilla, encierra un mensaje poderoso: la elegancia contemporánea ya no se mide por la rigidez de un esmoquin, sino por la capacidad de dotar de carisma a lo más básico.
En Venecia, entre góndolas, flashes y expectativas desbordadas, Jacob Elordi reafirma lo que ya intuíamos: no es solo el protagonista de una película de Guillermo del Toro. Es, además, un nuevo referente de cómo la moda se entrelaza con la identidad, de cómo cada elección —desde una gorra vintage hasta un bolso de lujo— construye un relato que trasciende lo efímero del festival para convertirse en tendencia global.











